Decidimos comenzar con Sudor de tinta cuando todavía éramos estudiantes de Letras, después
de cursar el seminario de Elsa Drucaroff. Estudiar con ella nos permitió
observar que la literatura argentina contemporánea no era lo que nosotros creíamos,
que no terminaba con Manuel Puig, sino que todavía se estaba produciendo,
aunque los lectores, la Academia y los medios no le dieran mucha importancia.
Por eso pensamos en hacer una revista que hablara justamente de eso, de la
literatura argentina realmente contemporánea.
Corría el año 2009. Todavía no
habían salido los trabajos de Drucaroff[1], y
las revistas culturales de distribución masiva no les daban mucho espacio a los
nuevos narradores. Ahora, claro, la situación es otra, pero en ese momento sentíamos
que caminábamos a ciegas, con apenas una o dos compilaciones que nos proporcionaban
una serie de nombres a los cuales aferrarnos, la principal de ella La joven guardia, una selección de Maximiliano
Tomas publicada por la editorial Norma en 2005. Entonces la decisión era clara:
escribir sobre lo que se escribía y publicaba en ese mismo momento.
Como dijimos, ahora la situación
es otra. Los nuevos narradores publican y venden, se escribe sobre ellos y se
los busca. Las mesas de novedades están llenas de verdaderas novedades y no
sólo de reediciones de autores ya consagrados (y muertos). De hecho, lo difícil
en este momento no es conseguir libros contemporáneos, sino aquellos que salieron
hace dos, tres o más años. La Argentina pasó de aferrarse a los libros de las
eternas deidades a vivir en un eterno presente, en el que se vuelve difícil,
por no decir imposible, conseguir el libro anterior de aquel escritor que acaba
de sacar un libro. Cosas de Argentina, que carece de término medio.
En este escenario, creemos conveniente
cambiar de objetivos. Después de varias modificaciones en el staff de la revista, nos pareció beneficioso
modificar también la revista. Muchos de los títulos reseñados en los primeros
números de Sudor de tinta ya no se
consiguen, cayendo en ese limbo literario al que van a parar todos aquellos
libros que no son novedades ni best sellers (los clásicos forman parte, de una
forma particular por supuesto, de estos últimos).
Sudor de tinta seguirá existiendo, pero ya no será una revista de
reseñas, sino que tendrá como objetivo la producción de contenidos. Se hablará
de libros, claro que sí, y habrá reseñas también, pero no sólo eso. También se
escribirá sobre arte, cine, música, filosofía, teoría literaria, política, etc.
Y se lo hará desde este nuevo formato, que nos dará la comodidad y la libertad
del blog. Cuando haya algo que decir lo diremos, de forma inmediata, sin
necesidad de esperar a que todo el número de la publicación esté listo. Esto
nos permitirá estar a la altura de las circunstancias, analizando los temas que
realmente nos parecen importantes en el momento en que nos parece importante
hacerlo. Nuestra intención será, siempre, propiciar el debate.
Inauguramos entonces este nuevo Espacio.
Bienvenidos, una vez más, a Sudor
de tinta.
[1]
Nos referimos a Los prisioneros de la
torre (Emecé, 2011) y la compilación Panorama
Interzona (Interzona, 2012).

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