domingo, 5 de mayo de 2013

LA NACIÓN y la decadencia de la cultura

Por Lucas Berruezo


Algunos (entre los cuales, de alguna manera, me incluyo) creen que a pesar de los adelantos tecnológicos y de las revoluciones digitales algo malo está pasando con la cultura. Entre los docentes de nivel secundario es muy común la añoranza de lo que se podía hacer antes y ya ahora no se puede: trabajos prácticos complejos, redacciones extensas, críticas bien argumentadas y una larga lista de etcéteras. A partir del trabajo cotidiano, los docentes nos encontramos con que hay muchos chicos que no pueden dar una respuesta que contenga más de 140 caracteres ni desarrollar una idea en más de una carilla. Cuando uno plantea esta inquietud, los eternos optimistas nos dicen que igual las cosas están mejor que antes (nunca se aclara cuándo es ese antes), ya que la facilidad de los chicos con la tecnología suplanta y compensa las carencias en otro tipo de áreas. No sé si las capacidades tecnológicas reemplazan lo que, acertadamente o no, se dio en llamar “cultura general”, como tampoco estoy tan seguro de esas nuevas “aptitudes tecnológicas”. Es verdad, los chicos se pasean por las redes sociales como si caminaran por su propia casa, pero en muchos casos no son capaces de usar el Word, el Excel u otra herramienta informática que no tenga que ver con el pasatiempo recreativo. Es una discusión que excede los límites de este artículo, ya sé, pero me interesa plantear una hipótesis: el deterioro cultural no es privativo de la juventud actual, sino que ella es sólo una muestra de lo que se está gestando en forma más generalizada. Dicho de otra manera, algo está pasando con la cultura, y lo que pasa con los jóvenes es sólo una parte de eso.
Tomemos el caso de La Nación, uno de los diarios más importantes y con mayor trayectoria de la Argentina (fue fundado por Bartolomé Mitre en 1870). Últimamente, se pueden detectar en varias de sus notas errores muy graves. Nadie es infalible, y todos podemos equivocarnos, pero cuando el error se vuelve reiterado, casi sistemático, demuestra la falta de nivel de aquel que lo comete. Esto es lo que está pasando con los medios en la Argentina (no sólo La Nación, aunque ahora nos centremos en su caso). Alguien (un eterno optimista tal vez) me podría decir que teniendo en cuenta las denuncias a las que están siendo sometidos los medios, su falta de credibilidad y la lucha de intereses (casi siempre económicos) en la que participan, las faltas de ortografía son una cuestión menor. Por supuesto que no. La lengua refleja, en el sentido más odiado del término, nuestra preparación, nuestra capacidad de observar la realidad, decodificarla y, después, expresarla mediante palabras. Si no sabemos escribir, muchos menos podremos (d)escribir la realidad. Si no podemos (d)escribir la realidad, toda práctica cultural está destinada al fracaso y a la extinción.


La Nación, apenas un ejemplo:

Todo comenzó el sábado 2 de marzo, cuando el diario La Nación publicó un suplemento especial sobre educación (gran paradoja). Ahí me encontré con la columna de una investigadora del CONICET que estaba muy mal escrita, con errores propios de un chico de primaria (ver imagen 1). Después vi cómo el periodista Emiliano Arnáez llamaba la atención constantemente sobre este hecho, compartiendo las capturas de pantalla de los errores más evidentes (las imágenes 2, 3, 4 y 5 fueron extraídas de su perfil). Por eso me decidí a escribir este artículo. Mientras discutimos sobre digitalizar las aulas, mientras se regalan netbooks a estudiantes secundarios, mientras nos sorprendemos ante las capacidades tecnológicas de los llamados “nativos digitales”, algo se está perdiendo. De nosotros depende que eso (que yo llamo cultura, aunque podemos denominarlo con otros nombres) no se pierda de manera definitiva.
La Nación no es más que un ejemplo de la decadencia cultural que está atravesando la Argentina. Basta mirar con atención para sorprenderse. No importa la cantidad de visitas que tenga un medio, la plata que mueva, la influencia que pueda llegar a ejercer, todo eso no lo exime de la mediocridad.
Ahora sí, las imágenes:


Imagen 1:



 Imagen 2:



 Imagen 3:



 Imagen 4:



 Imagen 5:



 Yapa: Imagen 6 (para que se entienda que no es sólo un problema de La Nación):



 Nota: Hay que destacar que, ni lentos ni perezosos, los trabajadores de La Nación ya corrigieron los errores que se marcan en estas imágenes. No obstante, no sé si por derechos de autor o por simple omisión, todavía se puede leer el texto completo (y plagado de errores) de la imagen 1: http://www.lanacion.com.ar/1559423-repensar-la-temporalidad
Antes de terminar, quiero darle las gracias a mi amigo y periodista Emiliano Arnáez por señalar en su cuenta de Twitter estos errores.